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"Esa aparición en televisión es solo una de las muchas experiencias que Estonia me ha regalado."
Luis Gerardo Arias Ibarra
20 de Enero 2026
Intercambio en Estonia 2012 - 2013
En 2012, Estonia era un país donde casi no se veían inmigrantes. Por eso, un chico moreno, de cabello negro y ojos oscuros, destacaba de inmediato entre una población mayoritariamente alta, de piel clara y ojos azules. Desde el principio supe que era diferente, y lo viví como algo positivo y especial: venía del otro lado del mundo, con rasgos, costumbres y una historia distinta
Durante ese año de netrcambio aprendí a integrarme y a ser uno más. Como mexicano, siempre intenté adaptarme: me interesé genuinamente por el idioma, la cultura, la comida y la música local. Nunca rechacé una invitación ni un plato, y aunque aprender estonio fue uno de los mayores retos, nunca dejé de intentarlo. Quería hablar, equivocarme y entender, porque para mí integrarse no era una obligación, sino una oportunidad.
Esa actitud marcó la diferencia. En un país donde alrededor del 30 % de la población es de origen ruso —personas que nacen, crecen y desarrollan su vida en Estonia.
En muchos casos no adoptan el idioma estonio por razones históricas y culturales—, resultaba llamativo que alguien que solo estaría un año, y que venía del otro lado del mundo, tuviera tantas ganas de aprender el idioma local y comprender la cultura. Eso fue profundamente valorado y respetado
Gracias a ello, mi adaptación fue más sencilla, mi cariño por el país se volvió incondicional y los lazos que formé fueron tan fuertes que hoy los considero familia. Ese vínculo es tan profundo que lo llevo tatuado en la piel, pero sobre todo en el corazón.

Con el tiempo, mi intercambio se volvió una experiencia tan especial que, sin buscarlo, me hice conocido en mi comunidad. Estudiantes de otras escuelas sabían quién era Luis, los vecinos me reconocían, me daban aventón y todos sabían que yo era “el mexicano de intercambio”.
Años después, durante una de mis visitas a Estonia, fui invitado a contar mi historia en la televisión nacional, en uno de los programas más vistos del país y con su conductora principal. Asistí acompañado de mi host father, una figura clave de aquel año. Durante la entrevista platicamos sobre cómo había sido mi intercambio: por qué elegí Estonia, cómo fue llegar a un país tan distinto, si fue difícil hacer amigos, el desafío de aprender el idioma y cómo, poco a poco, fui encontrando mi lugar.
Compartimos anécdotas de la vida cotidiana, de la escuela, de la familia anfitriona y de esos pequeños momentos que terminan marcando una vida. La conversación fue cercana, honesta y reflejó no solo mi experiencia, sino el vínculo real que se había creado entre nosotros y con el país.
Al terminar el programa, mi teléfono se llenó de mensajes de amigos, vecinos y conocidos que me habían visto en televisión. Fue un honor enorme sentir que, incluso muchos años después, mi historia seguía siendo recordada y valorada.

Amo Estonia y me siento, con orgullo, uno más de ese país. 🌱
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