La historia de Anton Klix
y su año en México

Un intercambio que cambió su forma
de ver el mundo
Mucho antes de trabajar en la Embajada de Alemania en México, Anton Klix ya tenía una conexión muy especial con nuestro país. A los 16 años llegó a México como estudiante de intercambio de YFU, viviendo con una familia anfitriona en Poza Rica, Veracruz. Lo que comenzó como una aventura adolescente terminó convirtiéndose en una experiencia que influiría profundamente en su visión del mundo y, años más tarde, en su carrera profesional.
Hoy, como Consejero de Cultura de la Embajada de Alemania en México, Anton recuerda aquel año con cariño y convicción: un intercambio no solo transforma a quien lo vive, sino que también ayuda a construir puentes entre culturas y países.
Encontrar un hogar
lejos de casa
Cuando Anton llegó a Veracruz, se encontró con algo que marcaría toda su experiencia: una familia anfitriona que lo recibió como un hijo más.
"Me trataron como hijo", recuerda al hablar de los momentos que más aprecia de su intercambio.
Además de asistir a la preparatoria local, se integró a la vida cotidiana de la comunidad. Jugó fútbol americano con los Aceiteros de Poza Rica e incluso celebró un campeonato junto a sus compañeros. Pero más allá de las actividades, fueron las personas quienes dejaron una huella imborrable en él.
México a través de los ojos
de un estudiante extranjero
Aunque Poza Rica no suele aparecer en las listas de destinos turísticos más populares de México, para Anton fue el lugar perfecto para conocer la cultura mexicana desde dentro.
Recuerda los mercados llenos de colores, aromas y sabores, la cercanía de la playa y, sobre todo, la calidez de la gente.
Para él, una de las grandes riquezas de México es la facilidad con la que las personas comparten sus historias y hacen sentir bienvenidos a quienes vienen de otros lugares.
Años después, esa conexión sigue viva.
"Escuchar a la gente hablar, pasar por un puesto de tacos o de tortas... me hace sentir en casa", comparte.
Lo que un intercambio enseña sobre otras culturas
Una de las lecciones más importantes que Anton obtuvo durante su intercambio fue la confianza para desenvolverse en cualquier lugar del mundo.
Vivir en otro país le enseñó que comprender una cultura diferente requiere curiosidad, empatía y disposición para escuchar. Descubrió que las diferencias no son barreras, sino oportunidades para aprender.
Esa apertura le permitió sentirse cómodo no solo en México, sino también en otros contextos internacionales a lo largo de su vida profesional.
Un mensaje para los mexicanos
que están pensando en irse a Alemania.
Anton también tiene un mensaje para los estudiantes mexicanos que consideran realizar un intercambio en Alemania.
Reconoce que los alemanes suelen parecer más reservados al principio, pero anima a los estudiantes a ser pacientes y persistentes al momento de construir amistades.
Su recomendación es involucrarse en actividades como deportes, música, coros u orquestas, ya que son espacios ideales para conocer personas y crear vínculos duraderos.
Según su experiencia, una vez que se forman amistades en Alemania, suelen ser relaciones profundas y de largo plazo.
El miedo a salir de la
zona de confort
Para muchos adolescentes, la idea de vivir lejos de casa puede generar incertidumbre.
Anton reconoce que un intercambio no es una decisión sencilla y que habrá momentos difíciles. Extrañar a la familia, a los amigos o incluso la comida favorita forma parte del proceso.
Sin embargo, considera que el crecimiento personal que surge al enfrentar esos desafíos vale completamente la pena.
Salir de la zona de confort requiere valentía, pero también abre la puerta a experiencias, aprendizajes y oportunidades que difícilmente podrían encontrarse de otra manera.
¿Un año perdido?
Todo lo contrario
Una preocupación frecuente entre estudiantes y padres es el impacto académico de un intercambio.
Para Anton, la respuesta es clara: un año de intercambio está lejos de ser un año perdido.
